Reseña: Dios vuelve en una Harley ~ Joan Brady

Dios vuelve en una Harley (Foto: Elwen)Aún no sé muy bien los motivos que me llevaron a comprar este libro. No sé si fue su portada, su llamativo título o tal vez muy en el fondo buscaba una lectura optimista para mi madre. No soy habitual lectora del esoterismo, espiritualismo o la autoayuda porque me parecen libros aburridos que no aportan nada nuevo por descubrir. Pero sé que al menos durante un breve periodo de tiempo le abren los ojos a algunas personas y ven lo maravillosa que puede ser la vida.

En esta novela, Dios aparece literalmente con su Harley, con su pelo largo y su chupa de cuero, para ayudar a Christine a solucionar sus problemas y ver la vida con otros ojos. Joe, como le gusta que lo llamen ahora, es un motero sexy que le dará a Christine unos mandamientos personalizados. Ella pronto, demasiado pronto, los irá aprendiendo y aplicando, y como es de esperar las cosas se van solucionando poco a poco. Envuelto en una entretenida historia, el libro pretende convencernos de qua la vida es algo más que nuestro trabajo, nuestro aspecto físico, las cosas materiales y de que Dios está en todos nosotros. Para mí, que soy más bien agnóstica, esto último me resulta irrelevante. Veo a Joe más cercano a ese amigo que aparece de pronto en tu vida y se molesta en ayudarte con tus problemas, solo que en este caso es seductor, cariñoso y capaz de leer la mente.

El libro en general es de lectura rápida, no solo por lo breve sino por lo bien que está escrito. Brady encadena palabras, frases y párrafos con una fluidez sorprendente. La historia está cargada de ironía e incluso sarcasmo que hacen que la lectura sea amena, entretenida y muy ligera. El fallo para mí en todo esto es hacernos ver que es fácil llevar a cabo las pautas de Joe. Él le da un mandamiento que ella en pocos párrafos de razonamiento se convence que debe aplicar, y que además le resulta tremendamente fácil llevar a cabo. Todo es demasiado simple y sencillo, cuando sabemos que la realidad es bien distinta y que requiere un esfuerzo aún mayor del que ella hace para que las cosas empiecen a ir medianamente bien.

En resumen, el libro no aburre que es lo que normalmente provocan en mi este tipo de autoengaños. Existe una segunda parte que si algún día consigo por medios gratuitos no me importaría leer en épocas de estrés (véase exámenes). Aquí les dejo, como viene siendo habitual, un fragmento de la entretenida forma de escribir de Joan Brady.

– Pues ahora oye esto -en mi voz volvía a detectarse el deje desafiante de antes-. Quiero saber por qué dejaste sin respuesta tantas de mis plegarias. Quiero saber por qué has hecho tan difícil la vida de tanta gente, ya sabes, hambre, enfermedades y todo eso. Y aún más, ¿por qué estableciste un montón de reglas que no hay manera de seguir en el noventa por ciento de los casos y luego nos vendes el cuento de la culpabilidad cuando infringimos esas reglas? -ya estaba embalada, no podía parar.

– Te refieres a los Diez Mandamientos, supongo -dijo con una expresión apenada en su rostro encantador

-¡Puedes apostar los huevos a que sí! -hacía muchísimo tiempo que deseaba blasfemar delante de Dios y la espera había merecido la pena.

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