Reseña: Un niño prodigio ~ Irène Némirovsky

Un niño prodigio (Foto: Elwen)Esta mujer tiene algo que me cuesta siempre definir cuando hago su reseña. Con El Baile me quedó claro que tenía un algo diferente, especial y único, un estilo que la diferencia claramente del resto y me quedé con el buen sabor de quien quiere más sin saber porqué.

Irène Némirovsky escribe historias trágicas desde la más absoluta frialdad y cuando terminas de leer sus breves relatos eres consciente e inmutable al mismo tiempo de lo que te ha contado. Un niño prodigio es la historia de Ismael, un niño judío que se gana las monedas inventando canciones para marineros de un puerto ruso a orillas del Mar Muerto. Es feliz a su manera y cuando un hombre lo lleva a vivir con la que siempre llamará su princesa descubrirá la opulencia, la belleza y el lujo de una vida acomodada. Nadie sabrá lo que la febril adolescencia y la adoración hacia su princesa traerá consigo.

Fábula.

1. f. Breve relato ficticio, en prosa o verso, con intención didáctica frecuentemente manifestada en una moraleja final.

Esta singular rusa, francesa, judía y católica cuenta historias como fábulas cuyas hermosas palabras hacen esperar un final simbólico. No te dejes seducir por esta maestra del engaño porque el final nunca lo esperas, por su crudeza, su realismo y sinceridad aplastante. Irène Nemirosky teje palabras hermosas que pintan la frialdad rusa en un cuadro bello a la vista pero crudo en su contenido. Es ella, en cierto modo, la princesa de este libro que nos enseña maravillas con la misma indiferencia que al Niño Prodigio y luego nos abandona al final del libro estupefactos con lo que ha hecho con nosotros.

Ella era, sin duda, una de esas criaturas altivas que fuerzan al mismísimo destino a plegarse a sus caprichos como quien doblega el cuello de un caballo rebelde; pero nunca hasta entonces había tenido que vérselas con un viejo judío de la plaza del Mercado.

Nord vivía con ella desde hacía seis años. Ella le dejaba y volvía a tomarlo a su capricho. Se decía que él bebía para olvidarla, pero su terrible vicio no le salvaba; dentro del vino, en el fondo del vaso, creía ver como en un espejo el rostro imperioso de su amante.

Si no has bebido ya de sus palabras estas tardando porque enriquece con ellas sin importar la edad.

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