Citas a Medianoche #7

Todo el que nace y crece en Massachusetts aprende pronto a reconocer el final del invierno. Antes de gatear, los bebés ya levantan la mano y señalan desde la cuna la nueva caridad del cielo. Hay hombres sensatos que lloran al oír la primera llamada de las currucas, y mujeres cabales que, antes de que el hielo se haya acabado de derretir, se desnudan y se zambullen en los brazos del río y en los estanques. No les preocupa que los dedos de las manos y de los pies se les pongan morados. La fiebre de la primavera afecta por igual a viejos y a jóvenes: nadie está a salvo. La primavera no hace distinciones, llega cuando la felicidad menos se lo espera, cuando la alegría es solo un recuerdo, el cielo está aún encapotado y la nieve sigue acumulada en el suelo duro y frío.

Alice Hoffman ( El Futuro Probable)

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