Resultado Concurso 8 Eternidades – “Ya no más, vampiro”

Ayer por fin se dio a conocer el veredicto del Concurso 8 Eternidades organizado por LyE. Hacía tiempo que no participaba en uno pero se me encendió la bombilla nada más leer las bases. Básicamente reciclé una idea que arrastro en mi mente hace ya más de un año y a la que lamentablemente no he podido dar forma aún. Estas eran las premisas a cumplir;

Ahora GOBIERNAN los vampiros.
¿Y después? ¿Cuál creéis que será la nueva REVOLUCIÓN?
Iluminadme con hipótesis, atreveos a REFRESCAR el género de la romántica juvenil.
¿Quiénes dominarán? ¿Cuándo, cómo y por qué?
Tenéis mucho tiempo para pensar en ello y 1 hoja para escribir.

Ya no más, vampiro

La clase era mortalmente aburrida, miré por la ventana entreabierta y vi con tristeza cómo la luz de la luna se reflejaba en los bancos del patio.  No me disgustaba en demasía el turno de noche pero echaba de menos compartir el calor del sol en el césped con mis amigos.

Me emocionaba la idea del ir al instituto ahora que Mayfall admitía alumnos “de intercambio”. El turno de noche era para la mayoría de ellos, los más atractivos y bellos, de los que todo el mundo no paraba de hablar, los vampiros. Eran físicamente perfectos, con su tez pálida, su fuerza sobrehumana y aquella mirada antigua. También había algunos que como yo no lograron plaza en los turnos diurnos y algunos humanos irresponsables que por curiosidad y morbo se había apuntado por decisión propia a sentarse de noche junto a un chupasangre.

Una leve brisa trajo consigo algunas plumas y el dulce olor de galletas recién horneadas. Inspiré profundamente y mi mente evocó recuerdos de la infancia. Iba a ser difícil concentrarse en clase con un ángel sentado al lado. Le miré y sonrió con picardía, supe en ese momento que seríamos buenos amigos. La voz de la profesora atrajo de nuevo mi mirada hacia la pizarra. Llamaba la atención a dos hadas algo cotorras que no paraban de cuchichear.

Sonó la campana y todos salieron bulliciosamente al patio como en manadas, cada uno con los suyos. Me sentía algo sola, no conocía a nadie y yo parecía ser la única alumna de mi “especie”.  Libres de la protección del aula sentí miedo e instintivamente comencé a camuflarme entre las sombras del edificio.

Tengo un oído fino pero para cuando lo sentí me tenía aprisionada contra la columna. Su olor a humedad y a viejo invadió mi olfato, el corazón se me desbocó y casi provoco un desastre.

– Mira qué tenemos aquí Rickon, – dijo a su compañero apoyado en la otra columna, – pero si es una linda gatita…

– Quítame las manos de encima – dije con un gruñido – o tal vez prefieras que te las arranque.

– Vaya, vaya – contestó aprisionando mis muñecas aún más contra la pared – ¿no te han enseñado a ser educada con vampiros?

Su risa de superioridad sobrehumana me heló la sangre pero mi instinto animal no quería amilanarse.

– Dime, saco de ropa vieja, ¿no eres muy mayor para estar en el instituto? ¿Cuántos años tienes? –, pregunté con sarcasmo.

– Cientos más de los que verán tus ojos si sigues con esta actitud, – respondió él. – Estaba dispuesto a que fueras mi mascota pero ya veo que aún hay que adiestrarte.

La sangre me hervía en las venas, era plenamente consciente del terrible insulto que había provocado hacia los míos y aún así lo escupió deliberadamente.

– Creo, vampiro, que estás pasado de moda y tu tiempo está empezando una corta cuenta atrás.

No esperé una respuesta, desaté el animal que llevo dentro dejando que toda su furia me invadiera. Mis manos se transformaron en zarpas, mi piel, normalmente adornada con sombras de rayas como un tatuaje, ahora estaba cubierta por un manto de pelos, y toda mi cara se había vuelto la de un tigre. Un rugido ensordecedor cruzó el patio. Nos quedamos plantados el uno frente al otro, ninguno quería ceder su territorio. Él ya había desenfundado sus colmillos y estaba encogido en posición de ataque.  Yo tenía los labios crispados mostrando cada marfil de mi potente dentadura. Oímos unos pasos a la carrera y ambos giramos la vista. Por el corredor venía a toda prisa un anciano más diestro de lo que normalmente se podía a esa edad. Su túnica ondeaba al paso y empuñaba una varita como quien porta una espada. Se detuvo a tan solo unos metros con los brazos en jarra y nos miró. Era un mago de alto nivel, el director del instituto.

– Señor Black, espero dada su edad y madurez, que no esté causando problemas en esta institución o me veré obligado a tomar medidas, – dijo en tono autoritario. – En cuanto a usted, señorita Sparrow, será mejor que empiece a domar ese carácter suyo porque no toleraré una vez más este tipo de altercados. Espero que tenga ropa en su taquilla porque tampoco voy a permitir que mis alumnos cambiaformas corran desnudos por los pasillos.

Chica TigreEn ese momento vi su sonrisa torcida, había logrado su objetivo. Me había metido en un buen lío y no tenía manera de volver a mi forma humana sin ropa.

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