Letters from the Moon (I): El por qué de nuestra existencia

Hoy estoy demasiado vaga para escribir unos Desinformativos con fundamento. Quizás es que he prolongado el puente o simplemente que hoy es “el día después“.  Así que he pillado a mi imaginación por banda, la he zarandeado sin muchos resultados y me he venido de vuelta con una sección bajo el brazo. No sé si será novi@ de un solo uso o si tendrán que comerse mis divagaciones a menudo pero no niego que  a veces siento la intensa necesidad de desvariar un rato sobre esta afición llamada lectura en todas sus vertientes (sobretodo la de las redes). Queden así inauguradas estas cartas del editor (o editora) que serán un cóctel de mucha opinión personal, mucho quejarse por quejar y sobretodo mucho razonamiento absurdo y sin sentido. Comencemos.

Anoche, en una mística revelación, recordé por qué había abierto el blog. No es una cuestión de seguidores ni alardes de medallas sobre maratones literarios; en ocasiones por compromisos editoriales o en muchas otras por ‘retos‘ personales. No es a ver quién lee más o escribe mejor. Queda demostrado que tampoco mi voz es la única y ni mis críticas, latigazos y altares son omnipresentes. Vuestra opinión, a mi entender, siempre ha sido respetada. A veces, como hoy, es la simple sensación de sentir las teclas bajo mis dedos escribiendo frases más o menos graciosas con cierta combinación que en mi cabeza suena bonita. Una suerte de palabras inconexas que explican, cuentan y son reflejo de mi yo cuando leo un libro. Hay días bonitos y en otros esa pértiga llamada palabras no me ayuda a superar mis propias metas.

Pero la verdad de este blog es otra: la que no terminé de captar en ese primer post hace ya dos años, la que siempre se me escapa cuando me agobio y en contadas ocasiones recuerdo, la incomprendida, la rara y difícil, la del vacío, la soledad y la nostalgia, la que te hace llorar cuando sientes el golpe de cubierta contra cubierta y no se deja explicar. La secreta. ¿Alguna vez has despedido a un amigo con la seguridad de que no volverás a verlo? Quizás quien mejor lo describió para mí fue J. R. R. Tolkien cuando Sam hace el camino de regreso de los Puertos Grises. Silencio y añoranza aún con finales felices. Siempre podrás volver a abrirlo pero ya no lo vivirás, tan solo recordarás que lo hiciste. El momento de euforia se pasa cuando lo que quieres es prolongarlo. Te falta quien te anime y te diga que hay más esperando ahí fuera. Solo tienes que salir a buscar de nuevo ese pinchazo que solo dan las drogas más fuertes; el subirte a lo más alto y soltarte en caída libre hacia el lado oscuro de los ánimos.

Y entonces, será cuando abrirás esa ventana virtual al mundo de los incomprendidos y escribirás: “Tal vez son pocos los afortunados de ver un eclipse en esta vida…

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