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Hace algunas semanas encontré un curioso artículo, algo viejo ya, que me apetecía compartir con vosotros. Se trata del trabajo que durante medio año llevó a cabo Benjamin Harff para su examen final en la Academia de Arte. Su proyecto podría haber sido menos ambicioso o menos notorio si no fuera porque escogió ilustrar, iluminar y dar caligrafía al Silmarillion, algo que no escaparía el ojo de cualquier fan de J. R. R. Tolkien.

Como se puede apreciar en las imágenes, todas las ilustraciones en los inicios de capítulo, las iluminaciones y la caligrafía están pintadas a mano. Luego, cada página fue digitalizada mediante escáner y fotografía para posteriormente encajar el resto del texto. Por último, Benjamin imprimió todo el trabajo con su modesta Canon y se ayudó de una profesional para encuadernar el ejemplar en piel de cabra.  El resultado es esta preciosidad de libro por la que muchos pagaríamos para deleitar nuestra vena tolkiendili.

Según él mismo cuenta en Tolkien Library, le hubiera gustado tener más «tiempo y dinero» para hacer un trabajo completamente a mano, tal y como hacían los monjes en la edad media. Ello, sin duda, habría aumentado su belleza y valor. Sin embargo, esos handicaps no mermaron su ilusión de hacer un trabajo bien hecho y con un resultado que a la vista está.

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