7 momentos del día a los que robar tiempo para leer

A lo largo de los años me he encontrado con muchos no-lectores que usan todo tipo de excusas para no practicar un ejercicio sano y beneficioso para nuestra mente. Curiosamente la disculpa más frecuente usada por estos últimos es la de “no tengo tiempo”. Y es cierto que hay días en los que acabamos tan derrotados que es imposible concentrarse en una sola línea o rachas en las que ninguna página despierta ese gusanillo lector (lo digo por experiencias propias muy recientes). Sin embargo, para todos los que tienen interés en unirse a esta afición, cueste lo que cueste, aquí va una pequeña guía  de cómo hago yo para engañar a las manecillas del reloj cada día.

7 momentos para leer1. Antes de dormir.
Lo dicen las encuestas; el lugar en el que más se lee es la cama. Sin embargo, hay gente que sigue poniendo el cansancio al final del día como excusa para no leer. ¡LEED MALDITOS! Ya sea una sola página o un párrafo, ya habrás leído más que el día anterior.

2. De camino
Si no vas conduciendo y no te mareas, el transporte hacia el lugar que sea (trabajo, supermercado, colegio, etc.) son unos minutos extra al día. Si tu trabajo está a la vuelta de la esquina, como es mi caso, lee mientras caminas. La gente (sobre todo mis compañeros) se sorprenden de que consiga enfrascarme en mi libro sin que me atropellen en los 7 minutos que dura mi paseo hasta el trabajo pero, ¿habéis visto cuánta gente va con la mirada perdida en el móvil? Si eres capaz de leer los mensajes del Whatsapp sin tropezar, ¿qué te impide leer un libro?

3. Mientras desayunas / cenas / almuerzas
Ok, esto es raro y complicado. Mis horarios no siempre coinciden con los de mi pareja y muchas veces desayuno/almuerzo/ceno sola. La mayoría de las veces veo alguna serie pero si estoy enfrascada en un manuscrito es muy probable que me olvide de comer o se me enfríe la comida. Generalmente, lo que hago es apoyar el kindle con ayuda de la funda y leer mientras almuerzo. Sé de gente que es capaz de sujetar un libro con una mano y comer con la otra pero todavía no he aprendido esos malabarismos.

4. Mientras paseo a Romeo
Vale, soy una dueña irresponsable que delega ese cargo al “padre” de la criatura pero cuando decido salir y voy sola, a veces llevo un libro. Sin duda esta es otra de esas situaciones en las que es más cómodo un e-reader, no vaya a ser que pierdas a tu mascota. Eso sí, recomiendo bolsillos grandes porque vas a tener que liberar tus manos en algún momento para recoger lo que tu perro ha venido a hacer.

5. En la consulta, en la peluquería… o en cualquier lugar en la que la gente no cumpla sus horarios
Este es un clásico. ¿De verdad vas a soportar una hora de retraso leyendo revistas del corazón viejas? Yo podría echarme a llorar cada vez que olvido mi libro a algún tipo de cita médica o en la peluquería. Las mujeres pasamos demasiado tiempo ahí con la platina en la cabeza y yo no soy lo suficientemente sociable como para contarle mi vida a un desconocido.

6. Cuando él/ella ve el fútbol/gran hermano/esa peli que te dejará en coma durante hora y media
En casa son pocas las veces en las que se ven los deportes o alguna serie en la que no estamos de acuerdo pero, cuando ocurre, Romeo y yo buscamos un lugar tranquilo en el que tumbarnos y disfrutar de un buen libro.

7. Mientras conduces, sales a correr, planchas la ropa…

Sí, leer mientras conduces es posible pero sólo si tienes audiolibro. La verdad es que mi experiencia con este formato es muy breve pero muy gratificante. A veces me fastidia estar en un atasco y no poder hacer nada más que mirar al coche de delante o subir en autobús y no poder abrir ni el móvil porque me marean las letras. Los audiolibros son un gran recurso para seguir robándole páginas al tiempo.

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