Citas a Medianoche #47

Escrito por: Iraya Martin
 
La voz del Traficante de Deseos era tan profunda que parecía la sombra de un sonido: una sonoridad oscura que se acercaba a los registros más graves. «No conozco muchas reglas para regir la vida», había afirmado. «Pero te enseñaré una muy sencilla. No metas en tu cuerpo cosas innecesarias. Nada de venenos ni productos químicos, tampoco gases, tabaco o alcohol, ningún objeto afilado ni agujas prescindibles —drogas o tatuajes— y por supuesto… ningún pene innecesario».
—¿Penes innecesarios? —había repetido Karou, encantada con la expresión a pesar de su dolor—. ¿Existe alguno que sea necesario?

Laini Taylor
Hija de Humo y Hueso



Citas a Medianoche #46

Escrito por: Iraya Martin
 
Ronnie estaba muy callada al otro lado del teléfono.
- Vale, pero ten cuidado.
- Más que una virgen en su noche de bodas, te lo prometo.
- No tienes arreglo -dijo, riendo.
- Me lo dicen todos.
- No bajes la guardia.
- Ni tú.
- Descuida. -Colgó. Me quedé escuchando el pitido del auricular.
- ¿Buenas noticias? – preguntó Luther.
- Sí.
La Liga Antivampiros tenía un escuadrón de la muerte. Quizás. Pero ese quizá era mejor que lo que tenía antes: atención, señores, nada por aquí, nada por allá, y ni puta idea de qué estaba haciendo. Daba palos de ciego tratando de encontrar a un asesino que se había cargado a dos maestros vampiros. Si estaba sobre la pista correcta, pronto llamaría la atención de alguien. Y eso significaba que alguien podía intentar matarme. ¿A que iba a tener gracia?

Laurell K. Hamilton
Placeres Prohibidos
Anita Blake, Cazavampiros #1

P.D. La verdad es que Anita ha sido todo un descubrimiento. Me he reído a rabiar con sus burradas.



Citas a Medianoche #45

Escrito por: Iraya Martin
 
–¿Y tú adónde fuiste? –me lo preguntan para sentirse, no digo unos ídolos, pero sí al menos un poco superiores a mí.
Intento defraudarlos y me hago el interesante.
–A la manifestación.
–Mmmm… ¿Y qué tal?
–Pues resulta que esta guerra de mierda hay que hacerla, aunque haya tres millones de personas que no la quieran.
Por un momento creo que puedo domar las miradas de los que me escuchan. ¡Puedo hacerlo!
–Pero valía la pena ir, a pesar de la paz o la guerra. Os habéis perdido una Roma carnavalesca, con la cabeza agitada por mil arcoíris y los pies alfombrados de gente…
Me paro, compruebo si todavía hay alguien mirándome.
Se miran entre ellos como diciendo: «¿Quién le dice que se calle?»
Lo hace Andrea:
–Pero mira el gilipollas que va y quiere hacernos creer que es un poeta. –Y se marchan en tropel.
Ya sabía yo que no iba a conseguirlo, no me he acordado de decir «¡cojones!». Es fundamental cuando hablas con los demás; es uno de esos teoremas que ni siquiera sabes que existe, pero lo respetas.
Sólo hay que pensar en las asambleas: gritas el nombre de algún político, le añades una palabrota y te premian con un gran aplauso. Y si alguien de la derecha se atreve a contradecirte le sacas la historia de los judíos; para los de izquierdas está la de Stalin, siempre funciona.
Si eres hábil usando los insultos y los nombres de los políticos puedes hacerlo todo, incluso convencer a la manada de que ocupe el colegio. En una ocasión llegamos a ocuparlo para protestar contra una ley, una cualquiera, que no se sabe lo que decía , pero parecía injusta, y luego nos reunimos para entender por qué lo habíamos ocupado. Total, el motín del siglo…
Nuestro braveheart era un chico de tercero A con pantalones de colores y camisetas con agujeros, «tomas de aire» los llamaba él, pero no dejaban de ser agujeros. Cuando acababa de hablar por el micrófono tiraba la colilla al suelo, la aplastaba con el pie y decía: «¡Cojones!» Él sí que era un líder.

Giulia Carcasi
Las estrellas se pueden contar



Citas a Medianoche #44

Escrito por: Iraya Martin
 
Entonces, hizo algo que los dejó anonadades a los dos. Se puso de puntillas y le dio a Riley un beso en los labios.
- Gracias por volver a ayudarme.
Cuando ella quiso apartarse, él la garró por los antebrazos y la mantuvo donde estaba. Tenía los ojos brillantes.
- La próxima vez que decidas hacer eso…
- ¿Qué? ¿Tengo que avisar?
- No – dijo Riley con una sonrisa -. Recréate.

Gena Showalter
Entrelazados



Citas a Medianoche #43

Escrito por: Iraya Martin
 
Lillian y Chloe intercambiaron miradas.
- Yo sé quién te gusta. – El tono de Chloe era malicioso -. El caso es si reunirá alguna vez el valor suficiente para dar el paso.
- Vamos, Chloe. – El tono admonitorio de Lillian se diluyó en una sonrisa que no pudo controlar -. Sabes perfectamente que hay panes que tardan más en crecer que otros.
Chlore se rió.
- Sí, ya, pues entonces puede que haya llegado el momento de golpear la masa.

Erica Bauermeister
La escuela de ingredientes esenciales



Citas a Medianoche #42

Escrito por: Iraya Martin
 

** Alerta Spoilers de Hex Hall 2 **

- [...] me he pasado la vida fingiendo ser alguien que no soy, ocultando ciertos sentimientos, simulando otros. – Se agachó y cogió mi mano y la levantó, hasta que mi mano y la suya estuvieron a la altura de su pecho -. Esto es lo único real que me ha pasado en mucho tiempo. Tú eres lo único real. – Me dio un beso en los nudillos -. Ya no quiero seguir fingiendo que no me importas.
Había leído muchas novelas románticas que mamá escondía para que yo no las encontrara, y sabía que en ellas la gente se derretía de amor. Sin embargo, hasta ese momento nunca había pensado que existiera el riesgo de que algo así me pasara a mí. La situación requería de un comentario mordaz.
- Vaya, Cross, creo que has encontrado tu vocación. Déjate ya de cazar demonios, lo tuyo es escribir tarjetas de felicitación.
En su cara, apareció esa sonrisa torcida que era mi paisaje favorito en el mundo.
- Cierra el pico – murmuró. Me besó otra vez.

Rachel Hawkins
Hex Hall 2. Desafío.