- Mi querido Sondeluz -dijo, mientras un criado se acercaba con un puñado de uvas-. ¿No vas a saludarme siquiera?
Allá vamos, pensó él.
- Mi querida Encendedora -dijo, haciendo a un lado la copa y cruzando los dedos-. ¿Por qué hacer algo grosero?
- ¿Grosero? -repitió ella divertida.
- Pues sí. Obviamente si haces un decidido esfuerzo por llamar la atención… los detalles son magníficos, por cierto. ¿Eso que llevas en los muslos es maquillaje?
Ella sonrió y mordió una uva.
- Es un tipo de pintura. Los diseños son obra de algunos de los artistas de más talento de mi culto.
- Mis felicitaciones. De todas formas, preguntas por qué no te saludo. Bueno, supongamos que hubiera actuado como sugieres. Después de eso, ¿habrías querido que te alabara?
- Naturalmente
- ¿Me habrías hecho mencionar lo hermosa que estás con esa túnica?
- No me quejaría.
- ¿Subrayar cómo brillan tus deslumbrantes ojos como ascuas ardientes con los fuegos artificiales?
- Estaría bien
- ¿Declarar cómo tus labios son tan perfectamente rojos que podrían quitarle el aliento a cualquier hombre y, sin embargo, forzarlo a crear la poesía más brillante cuando recordara ese momento?
- Me sentiría halagada, en efecto.
- ¿Y pretendes conseguir de mí esas reacciones?
- ASí es.
- Pues entonces, maldición, mujer, si estoy aturdido, deslumbrado y sin aliento, ¿cómo demonios voy a saludarte? Teóricamente, tendría que estar anonadado.
Ella se echó a reír.
- Bueno, al menos has encontrado la lengua.
- Sorprendentemente, la tenía en la boca. Siempre se me olvida buscarla ahí.
-¿Pero no es ahí donde tendría que estar?
- Querida, ¿no me conoces lo suficiente para saber que mi lengua, de todas las cosas, rara vez hace lo que se espera que haga?
Allá vamos, pensó él.
- Mi querida Encendedora -dijo, haciendo a un lado la copa y cruzando los dedos-. ¿Por qué hacer algo grosero?
- ¿Grosero? -repitió ella divertida.
- Pues sí. Obviamente si haces un decidido esfuerzo por llamar la atención… los detalles son magníficos, por cierto. ¿Eso que llevas en los muslos es maquillaje?
Ella sonrió y mordió una uva.
- Es un tipo de pintura. Los diseños son obra de algunos de los artistas de más talento de mi culto.
- Mis felicitaciones. De todas formas, preguntas por qué no te saludo. Bueno, supongamos que hubiera actuado como sugieres. Después de eso, ¿habrías querido que te alabara?
- Naturalmente
- ¿Me habrías hecho mencionar lo hermosa que estás con esa túnica?
- No me quejaría.
- ¿Subrayar cómo brillan tus deslumbrantes ojos como ascuas ardientes con los fuegos artificiales?
- Estaría bien
- ¿Declarar cómo tus labios son tan perfectamente rojos que podrían quitarle el aliento a cualquier hombre y, sin embargo, forzarlo a crear la poesía más brillante cuando recordara ese momento?
- Me sentiría halagada, en efecto.
- ¿Y pretendes conseguir de mí esas reacciones?
- ASí es.
- Pues entonces, maldición, mujer, si estoy aturdido, deslumbrado y sin aliento, ¿cómo demonios voy a saludarte? Teóricamente, tendría que estar anonadado.
Ella se echó a reír.
- Bueno, al menos has encontrado la lengua.
- Sorprendentemente, la tenía en la boca. Siempre se me olvida buscarla ahí.
-¿Pero no es ahí donde tendría que estar?
- Querida, ¿no me conoces lo suficiente para saber que mi lengua, de todas las cosas, rara vez hace lo que se espera que haga?
Brandon Sanderson
El Aliento de los Dioses
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