Los clásicos siempre son y serán víctimas de la gran pantalla y Shakespeare sin lugar a duda puede estar entre los más adaptados. Si echamos un rápido vistazo a IMDB encontraremos más de 200 trabajos relacionados con la obra de Shakespeare ya sean en series o en cine. El valor cultural que aporta la industrial en este caso me parece tan importante o más que cualquier clase de colegio. Buena parte de la población conoce a Romeo y Julieta, a Hamlet o El Mercader de Venecia y no porque lo hayan leído (yo misma me incluyo sin pudor alguno) sino por esas adaptaciones, buenas o no, de su obra.
No voy a soltar aquí un listado infinito de películas porque ni las conozco ni creo que alguien alcance a verlas todas, pero si tuviera que quedarme con unas pocas, personalmente elegiría alguna de las dirigidas por Kenneth Branagh.






La primera de la lista tenía que ser Blancanieves y los siete enanitos. Quién le iba a decir a los Hermanos Grimm que uno de sus populares cuentos se convertiría en el primer largometraje animado creado por Disney en 1937. Los hermanos Grimm comenzaron a recopilar y elaborar cuentos de tradición oral allá por 1803, muchos de ellos con modificaciones y censuras por parte de la burguesía debido a la crueldad expresada o el contenido sexual explícito. En ningún momento los Grimm tuvieron intención de crear un libro infantil pero en 1825 con el libro acompañado de ilustraciones, “Cuentos para la infancia y el hogar” quedó encasillado. La antología consta de 210 cuentos que para los más morbosos se pueden leer en la actualidad en su versión original (creo que Alianza los titula Cuentos Completos).
Este mítico autor al que no todos conocerán (yo entre ellos) murió a principios de este año y se le puede casi otorgar la paternidad del dicho