Con La Reina en el Palacio de las Corrientes del Aire se cumple el deseo de muchos de tener por fin en sus manos la última entrega de Millenium y la decepción de algunos de ellos al encontrarse con una saga incompleta. A estas alturas es desconocido para pocos que el autor tenía previstos tropecientos libros para Blomkvist y Salander que los que aún tienen sed de Larsson comprarían incondicionalmente, pero no creo que por ello la trilogía Millenium haya quedado incompleta.
Esta última entrega se hace larga, muy larga, y quizás por ese afán de dejar todo bien atado el final se eterniza. Si la chica de las cerillas cerraba todos los hilos y los unía para dejarnos con una cuerda final hacia La Reina, en éste último la cuerda se vuelve a deshacer en mil hebras en una trama que pasa del asesinato al espionaje, contraespionaje y la política que nos hará más de una vez pensar en la famosa frase de comic Who watch de Watchmen?
El libro se lee igual de fácil que los anteriores pero el ritmo sufre un serio receso al carecer de acción en sus casi 900 páginas. Todas las partes ocultan sus cartas en juego, todos se miran por encima del hombro y nadie se fía del otro, ni siquiera del propio lector. Los jugadores pasan el turno hasta la última mano en el que solo uno saldrá ganador ¿o tal vez ninguno?
¿Sobrevivirá Salander a la maldad de Zalanchenco?
Larsson deja a un lado su afán por contarnos con detalle cada nimio movimiento de los personajes para abrumarnos con un histórico sobre la Sapo y el espionaje Sueco que para mí eran totalmente desconocidos. Un exceso de información sí pero en mi caso necesario para entender las motivaciones de unos personajes que se mueven en una sociedad diferente de la nuestra. Un libro que me deja el sabor en la boca de un autor que iba camino de aprender de sí mismo y mejorar a pesar de las duras críticas que ha recibido de otros maestros del género.
Me despido de la trilogía Millenium con una opinión más favorable que la que tengo de algunos superventas inmerecidos. Cierto es que hay libros mejores que pasan desapercibidos pero igual que en la telebasura (a la que me confieso adicta), el gran público manda. No la leas esperando encontrar lo más sino buscando entretenimiento, misterio y una protagonista única.
Una vez la has conocido pocos podrán olvidar a Lisbeth Salander.





Dicen que segundas partes nunca fueron buenas pero luego llegaron El Padrino y Larsson para reventarnos el refranero. He engullido cada página de esta pirómana hasta quedarme con cara de boba en la última frase. He vuelto a robar las horas más allá de midnight con un libro que me ha mantenido intrigada en un caso más de Mikael Blomkvist y Lisbeth Salander. Y no me arrepiento.
A estas alturas no conocer la trilogía Millenium puede ser toda una suerte; primero porque no te habrás creado espectativas y segundo, en consecuencia, la puedes llegar a disfrutar mucho. Los Hombres Que No Amaban a las Mujeres es el primero de los casos que intentarán resolver Mikael Blomkvist y Lisbeth Salander. Mikael, conocido en el gremio como Kalle, periodista económico, cuarenta y pico, racional y con la vida resuelta. Lisbeth, veinticinco años, introvertida, sin estudios, llena de piercings, tatuajes y considerada por el estado como incapacitada. Las circunstancias que los reunirán a ambos serán Harriet, desaparecida hace casi 40 años y a quien su tío, cabeza de la familia Vanger, insiste en seguir buscando.


















