Dinero Fácil no es una novela negra a la vieja usanza. Estamos ante una historia directa y plagada de detalles de cómo se mueven las cosas en el lado oscuro de la ley. La historia se desarrolla en los bajos fondos de Estocolmo. La ciudad es lo de menos, pues podríamos sustituir sus barrios y localizaciones por cualquier otra capital europea sin demasiado esfuerzo. Y desgraciadamente, el oscuro entorno plagado de cocaína, prostitutas, palizas y desigualdades sociales también.
La trama se sustenta a base de la alternancia de tres historias diferentes que se van entrelazando a medida que pasan los capítulos. Mrado, Jorge y JW son tan diferentes como la noche y el día. Cuando uno empieza a leer, se pregunta que puede llegar a unir a tres tipos tan heterogéneos: un ex – soldado de la guerra de los Balcanes; el hijo de unos inmigrantes chilenos; un estudiante de universidad adicto a las fiestas de la jet-set. La respuesta llega poco después casi por intuición y es que, aunque en la novela se presenten otros nexo adicionales, para un servidor, el verdadero punto de unión es la facilidad manifiesta de cualquiera de los tres para incumplir la ley.
El libro me ha resultado un soplo de aire fresco por lo novedoso de su planteamiento al mostrar como se mueven las cosas desde el punto de vista de los delincuentes. Se nota un estudio más o menos meticuloso por parte de Lapidus acerca de cómo se corta el bacalao en el mundo del hampa. También resulta interesante el correcto desarrollo de los personajes. Ahondando un poco en sus dramas personales y trazando un ligero perfil psicológico de cada uno. Desgraciadamente el encanto de la novela pierde donde más duele: la narración. Esta es sencilla y no demasiado dinámica y, frecuentemente, se ve entorpecida con las descripciones detalladas sobre las adquisiciones de los personajes. Si han leído a Stieg Larsson todos recordarán las interminables enumeraciones de muebles de Ikea y las compras en el supermercado de Salander. Aquí pasa lo mismo y parece ser una marca de la casa de los autores nórdicos. Todavía no me explico que extraño placer obtienen los suecos en conocer tan al detalle las listas de la compra.
Un libro sencillo, que ofrece una visión interesante y diferente a la habitual. No presenta grandes alardes ni lo pretende pero resulta entretenido y eso, a veces, es suficiente.





Enmarcado en el género del thriller encontramos esta estupenda novela de aires policiacos escrita hace unos diez años por la autora estadounidense Patricia Cornwell. La historia gira en torno a las indagaciones de la metódica forense Kay Scarpetta que, en la línea de las mejores aventuras detectivescas, investiga los misteriosos crímenes de un asesino en serie que tiene aterrorizado al estado de Virginia.
Con La Reina en el Palacio de las Corrientes del Aire se cumple el deseo de muchos de tener por fin en sus manos la última entrega de Millenium y la decepción de algunos de ellos al encontrarse con una saga incompleta. A estas alturas es desconocido para pocos que el autor tenía previstos tropecientos libros para
Dicen que segundas partes nunca fueron buenas pero luego llegaron El Padrino y Larsson para reventarnos el refranero. He engullido cada página de esta pirómana hasta quedarme con cara de boba en la última frase. He vuelto a robar las horas más allá de midnight con un libro que me ha mantenido intrigada en un caso más de Mikael Blomkvist y Lisbeth Salander. Y no me arrepiento.
A estas alturas no conocer la trilogía Millenium puede ser toda una suerte; primero porque no te habrás creado espectativas y segundo, en consecuencia, la puedes llegar a disfrutar mucho. Los Hombres Que No Amaban a las Mujeres es el primero de los casos que intentarán resolver Mikael Blomkvist y Lisbeth Salander. Mikael, conocido en el gremio como Kalle, periodista económico, cuarenta y pico, racional y con la vida resuelta. Lisbeth, veinticinco años, introvertida, sin estudios, llena de piercings, tatuajes y considerada por el estado como incapacitada. Las circunstancias que los reunirán a ambos serán Harriet, desaparecida hace casi 40 años y a quien su tío, cabeza de la familia Vanger, insiste en seguir buscando.










