Dulce como uno de los pasteles de Laurel es este nuevo libro de la tetralogía Cuatro Bodas de Nora Roberts. Una deliciosa mezcla de chocolate que no me hubiera importado que fuese negro y mezclado con alguna crema de mango.
Laurel se ha declarado en moratoria de sexo y hombres. La vida es mucho más fácil sin ellos y las infinitas horas que dedica a su trabajo son suficientemente satisfactorias, ¿quién querría besar al amor de su vida? Vale, eso no tendría que haber sucedido y que él secuestrara sus Prada como venganza tampoco debería tener tanta importancia. Para Delaney ella siempre ha sido una más del Cuarteto del que forma parte su hermana. Las quiere a todas por igual, claro que las de Laurel son las mejores piernas. ¿Alguien podría dudar que aquí se cocina algo?
Creo que me he vuelto más repetitiva que la masa del mazapán en decir lo mucho que me gustan estos libros. Nora Roberts siempre lleva el sentido de la amistad a extremos envidiables y estas chicas son un ejemplo de ello. No solo me gusta que cada una vaya encontrando su correspondiente amor sino que me encanta lo que las une. Con ellas todo es buen rollo y apoyo incondicional. Eso incluye también a los chicos quienes a su manera se van acoplando al ritmo de Votos. Siempre es un placer volver a reunirse con todos ellos.
La única pega que le encuentro es la misma que en el anterior libro. Roberts parece no encontrar conflicto en unas personas que se conocen desde hace tanto tiempo. Delaney es uno de esos hombres imperturbables de infinita paciencia que más de una querría guardar en un armario. Eso hace que las dudas de Laurel parezcan ridículas cuando deberían ser razones de peso. Un error que sin duda espero no tengamos en el próximo y último libro, Para Siempre, dado que uno de los protagonistas está fuera de este círculo de amigos. (¿He dicho ya lo de ‘Ayyyy omáaaaa ese mecánico‘?
)
Junio… ¡qué lejos me quedas!





Tetralogía: Cuatro Bodas #3
Editorial: Plaza&Janés – Nº Páginas: 384
ISBN: 9788401383700 – Precio: 17,50€
Edad Recomendada: A partir de 18 años





Tully ha sufrido otra de sus crisis y despierta en una cama desconocida. Está rodeada de extraños que afirman ser dragones y la consideran parte de su sept. No tiene ni idea de cómo ha llegado ahí y lo único que recuerda de su vida hasta entonces es que trabaja como aprendiz de mago, está casada con un hombre que siempre está de viaje y su hijo Brom está solo a cargo de una vecina en otro país. Sin embargo, su falta de memoria es el menor de sus problemas porque quienes afirman que es un dragón quieren sentenciarla a muerte por lo que su ‘compañero’, Baltic, hizo en una vida pasada que ella desconoce.
Posiblemente muchas de las seguidoras de Nora Roberts y alumnas avanzadas de la novela romántica no estarán en desacuerdo conmigo en lo que respecta hoy a esta reseña pero que me quiten lo bailao porque yo he disfrutado como una enana con esta segunda entrega de Cuatro Bodas.
Hay libros de los que sabes a ciencia cierta por qué te gustan: acción a raudales, suspense palpable, amor edulcorado, magia a borbotones, diálogos chispeantes… Casi siempre hay factores predominantes que te ayudan a describir lo mucho que te ha gustado ese libro. Sin embargo, con “Juntos, nada más” tengo serios problemas para encontrar las palabras que definan el por qué.
Si te gusta la novela romántica, no pierdas de vista a esta autora española porque en su debut Olivia Ardey nos trae una novela fantástica que te atrapará hasta altas horas.
Vale que todas las novelas románticas tienen final feliz pero ya tenía yo ganas de una imprevisible de esas que te hacen desesperarte por llegar a tan ansiado final.