No sé si es algo común a todos los mortales pero siempre temo cuál será la víctima después de haber leído un libro que me ha gustado de sobremanera. Cualquier cosa que escoja luego sé que no me va a parecer a la altura, así que tras finalizar con mis Cazadores opté por un libro del que ya sabía qué esperar.
Algunos los llaman Hijos de la Noche, yo a estos les he puesto el nombre Hijos de Crepúsculo. No les estoy contando nada nuevo sobre el boom editorial que ha causado la saga Stephenie Meyer y los numerosos hijos reeditados o nuevos que le han salido. La saga Medianoche de Claudia Gray junto con Cronicas Vampíricas de L. J. Smith fueron los primeros en sumarse al cóctel adolescentes+vampiros. Cualquiera que haya seguido un poco el blog sabrá que si tengo que elegir me quedo con la primera que al menos le pone más intriga y chispa al asunto.
Adicción, porque habrá quien aún no lo sepa, es la segunda parte de Medianoche publicada hace pocos meses. La primera entrega nos cuenta el misterio de un internado en el que conviven humanos y vampiros. Y hasta ahí puedo leer porque sin duda lo mejor del libro es el giro radical que da la historia hacia la mitad de sus páginas. En esta segunda parte, Bianca y Lucas seguirán intentando desentramar el misterio que envuelve a la Academia, todo ello adornado con demasiada azúcar y sobeteos. El tercero en el triángulo será el estoy-como-un-queso Balthazar.
Leía esta semana en algún lugar perdido de la red que después de descubrir lo imposible que es el amor entre Clary y Jace (véase mi anterior reseña) la relación entre humanos y vampiros te parece pan comido y lo cierto es que es exactamente lo que pienso ahora mismo tras cerrar las páginas de Adicción. El libro en general está bien, cumple con el objetivo, es entretenido, mantiene su dosis de intriga y desborda frases empalagosas, pero lo que hay entre Lucas y Bianca no me termina de convencer. Sinceramente me parece que Claudia Gray ha olvidado darle un valor a la relación entre estos dos y el personaje de Lucas en esta entrega se queda tan plano y ñoño que Balthazar le gana por goleada.
En mi opinión, si quieres seguir leyendo más de lo mismo y que además sea algo ligero, esta es una magnífica opción. Yo he pasado un buen fin de semana entre sus páginas y espero que la próxima entrega no tarde en llegar.





Cassie se crió entre los mafiosos de Tony pero eso se acabó el día que descubrió quién mató a sus padres. Después de destaparlo ante el FBI y escapar, Cassie ha cambiado de residencia más veces de las que recuerda. Lleva algún tiempo viviendo en Atlanta y trabajando en un club nocturno donde echa las cartas, pero pronto esta tranquilidad se verá revuelta cuando recibe una amenaza de muerte en forma de obituario. Todo sería de lo más normal (o no) si no fuera porque Cassandra es realmente una clarividente y Tony y su corte son vampiros al estilo Al Capone.
Sin duda esta ha sido una perfecta elección para Semana Santa, un libro ligero, entretenido y que bien podría recordarnos a alguna serie de televisión, sin un argumento complicado y con unos personajes perfectamente definidos.
En los tiempos que corren es importante saber separar el grano de la paja. Las editoriales se han lanzado a la carrera de publicar títulos de un géneros antes, parece ser, que desconocido y que Meyer a revolucionado. La literatura juvenil-romántica-fantástica está de moda pero si bien, poner el nombre de Stephenie Meyer es sinónimo ventas y sobreproducción de un género, no siempre es sinónimo de calidad. Este es por desgracia el caso de Noches de Baile en el Infierno, se trata de cinco relatos cortos sobrenaturales cuyas historias giran en torno al baile de fin de curso. Están escritos por cinco autoras de best-sellers; 



















