Misión: Limpieza Áurea

Misión: Limpieza áurea. Sector 5. Edificio Wallen.

Me llamo Megan Lance, tengo 19 años y soy cazafantasmas. Hace un año recibí una carta del D.L.A. reclutándome para formar parte de un sector desconocido de la seguridad nacional. Sólo unos pocos son llamados a sus filas; algunos pueden oírlos, otros sentirlos, solo uno tendrá el don de la clarividencia. Después de un año de entrenamiento, hoy es mi primera misión.

Estoy ante las puertas del edificio Wallen sin armas y con un auricular como único apoyo. Si fracaso tal vez acabe en un manicomio, si tengo éxito, con suerte me asignarán un compañero.

El interior está oscuro y el papel pintado de las paredes se cae a pedazos de la humedad. Él sabe que estoy aquí, tan solo espera su momento. Hay muchas almas perdidas en este mundo pero un determinado número de ellas desea hacer tanto daño a los demás como el que se han hecho a sí mismos. La limpieza áurea de aquellos que roban la energía a los vivos es nuestro trabajo.

Subo las escaleras hasta el primer piso, recuerdo este edificio antes de ser abandonado. En la segunda planta estaba el despacho del abogado mediocre que arregló los papeles tras el fallecimiento de mi padre. No me había dejado más que una casa con deudas y la vieja foto de una madre a la que nunca conocí. Fue aquella semana cuando encontré la carta del Departamento de Limpieza Áurea en mi buzón. Casualidad o destino, nunca lo sabré, pero desde entonces mi secreto ha dejado de serlo. Puedo ver a los muertos.

Lance, ¿qué hace?, céntrese –, la voz de mi superior en el oído me sobresalta.

Cierro los ojos y me concentro en busca de su energía. Puedo sentir el calor escapando de mi cuerpo y recorriendo cada rincón de esa planta, filtrándose por debajo de las puertas como un manto de niebla. De pronto un muro de hielo se levanta al final del pasillo. Abro los ojos y ahí está, con una sonrisa torcida, la espalda apoyada en la pared con los brazos cruzados. Me mira bajo un sombrero Borsalino de medio lado. Su aspecto casi corpóreo denota su fuerza.

Te has equivocado de fantasma muchacha –, a su voz la acompaña un aire gélido que me sube por la espina dorsal. Trato de recuperar el calor en mis miembros pero el muy canalla cada vez se acerca más.

– No vas a hacer más daño -, digo tiritando -, tu tiempo aquí se acabó.

Una risa profunda sale de lo que podría ser su garganta a la par que el muro de hielo me rodea. Noto mi corazón latir más lento por el frío y las ideas se me congelan en la mente.

En el fondo sabes que quieres esto, que así obtendrás respuestas. ¿Crees que ellos siguen entre nosotros? ¿O tal vez te abandonaron? – su voz es como un susurro frío en mi oído. – Yo puedo darte respuestas.

Hace tiempo que busco respuestas y él lo sabe. Entré en el DLA con un objetivo, averiguar más sobre mi madre. Si tan solo le diese un poco de mí a ese fantasma tal vez obtendría respuestas. Las piernas me tiemblan y caigo de rodillas al suelo. La imagen de la foto ronda mi cabeza, ¿estará ella realmente en alguna parte?

– Lance, su imagen desaparece del monitor de temperatura, ¿qué ocurre ahí dentro? –, la voz de mi jefe suena lejana pero me trae al presente.

No te dejes engañar pequeña -, dijo nuevamente el fantasma -. Para ellos eres solo una herramienta, no te van a dar respuestas.

Ellos ya me avisaron sobre este tipo de engaños, sobre el poder de convicción de los fantasmas pero ¿y si realmente no quieren que encuentre respuestas? Ni en toda una larga vida podría dar con mi madre, pero él… él parece saber dónde está. Veo un aliento gélido salir de mi boca.

– Meg… – Mi nombre, no es mi jefe. – Razona, te está engañando, en el fondo lo sabes.

– Sé lo que buscas – dice la voz profunda del fantasma. – Yo podría llevarte adonde están ellos, sé dónde encontrarlos.

¿Ellos? ¿De quiénes estaba hablando? De pronto sus palabras me sonaron huecas. Recuerdo a mi padre en su lecho de muerte, la mirada serena de quien ha hecho las cosas lo mejor que ha podido. La luz del amanecer bañaba su cara cuando dio el último aliento. Le perdía y al mismo tiempo era tan hermoso. Las lágrimas me queman ahora en los ojos, necesito vivir para seguir buscando. El calor de mis venas va ganando la batalla y extendiéndose más allá de mi cuerpo. Veo su cara de sorpresa cuando poco a poco le robo la energía de otros. Su imagen se trasluce, se vuelve borrosa hasta que, con un último grito, desaparece por completo.

– ¡Lance!, ¡Lance!, responda por el amor de dios -, oigo gritar en mi oído.

– Todo controlado jefe –, respondo.

– ¿Se ha vuelto loca? ¿Qué coño ha pasado ahí dentro?

– Un malnacido con cara de Sinatra que casi me arrastra al manicomio. Espero que me esté esperando con un buen chocolate caliente –, digo mientras salgo del edificio.

– Maldita muchacha -, le oigo rezongar y sonrío.

Abro la puerta de la furgoneta mientras todos dentro me miran. Me encuentro con unos ojos azules desconocidos que me tienden una taza caliente.

– Me llamo Patrick, soy tu nuevo compañero. – La voz de nuevo. Está empezando a ser un día interesante.

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