
Permitidme decir aquí, si no lo he dejado ya claro, que en las últimas veinticuatro horas he visto suficientes miembros viriles desnudos, pálidos y decrépitos como para herir mi delicada psique para toda la eternidad, así que que nadie se extrañe si algún día me encuentran vagando por los páramos a medianoche con la mirada enloquecida y farfullando cosas sobre tetas albinas perseguidas por culos fofos, porque esas cosas pueden pasar cuando una ha sufrido un trauma.



















