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Pierre Bayard

Reseña: Cómo hablar de los libros que no se han leído ~ Pierre Bayard

Cómo hablar de libros... (Foto: Elwen)Confieso no ser lectora habitual de ensayos, me parece que dar vueltas durante 200 páginas a un mismo tema no va mucho con mis sagrados votos a la hermandad de “las ideas claras y el chocolate espeso“. Pero al igual que muchos de vosotros el día que publiqué mi último IMM, me ví tentada en la biblioteca por este prometedor título y su muy directo argumento.

“Quienes acudan a este libro con la esperanza de encontrar claves para poder encandilar convincentemente a nuestros profesores, colegas, amigos o amantes con profusas disquisiciones librescas adquiridas sin apenas esfuerzo o tiempo, habrá comentido un error.”

Lo primero que añadiré a esa lapidaria frase es que, del mismo modo en que no es un libro recomendado para no-lectores, tampoco creo que los lectores encuentren especial placer en sus palabras. ¿Por qué? Mejor ir por partes. Los no-lectores encontrarán un lenguaje, una sintaxis y una forma un tanto complejos. Pierre Bayard tiene una forma de escribir que en la mayoría de los casos requiere una relectura de sus frases y que, como además su idea no le parece lo suficientemente clara la primera vez, nos la repite de múltiples formas igualmente enrevesadas a lo largo del capítulo. Es quizás una lectura más idónea para aquellos versados en el arte de leer y, llegados a este punto, nos encontramos ante un conflicto de intereses y un resultado un tanto hipócrita por parte del autor.

Pierre Bayard se extiende a lo largo de toda la primera parte del libro (casi la mitad del ensayo) explicando los motivos por los que no debemos leer libros y las formas de hacerlo; no abriéndolos jamás, simplemente hojeándolos, escuchando a los demás hablar de ellos… todo ello justificado por el hecho de que existe un riesgo, si leemos un solo libro, de no valorar el resto  y por tanto perder la visión global. Pero, ¿y si leemos el resto? Sabemos por nuestros planes de lectura infinitos que nunca terminaremos de leer “el resto”, entonces ¿merece la pena sacrificar la visión global por la lectura de unos pocos?

Como decía, resulta hipócrita que una persona que anima a la no-lectura escriba un libro y además poco accesible. ¡Ahá! pero ahí no acaba todo. La ironía aumenta cuando observamos de principio a fin que cada argumento está justificado y apoyado en fragmentos de otras obras y autores. ¿Seguro que usted nunca he leído un libro señor Bayard?

En los dos siguientes segmentos que componen el ensayo encontraremos situaciones en las que nos vemos comprometidos a dar nuestra opinión sobre un libro que no hemos leído y la conducta que debemos adoptar al respecto. Es quizás lo más interesante y de donde se pueden sacar algunas ideas que para mí son verdades universalmente conocidas pero que de modo intangible nos serán demostradas. Cito algunas de mis anotaciones;

  • Cada uno tenemos nuestra biblioteca interior (Amén por ello): A lo largo del libro el autor inventa una serie de términos (un tanto confusos) como son biblioteca interior, libro pantalla, biblioteca colectiva, no-lector, libro fantasma…
  • Nuestra cultura influye en cómo opinamos de los libros: Una tribu del amazonas no verá lo mismo en Hamlet que un inglés
  • La percepción del autor de su propia obra y la de quien lee lo que ha escrito es totalmente distinta: ¿A quién no le ha pasado que se malinterprete lo que hemos escrito?

Después de esto, y aún sin saber cómo, el libro finaliza con la conclusión de que sin haber leído un solo libro y con la mente libre de esa carga, estaremos en la perfecta disposición de escribir nuestras propias historias y por tanto nuestros propios libros. ¿Ô_o? <– Así me he quedado.

No quisiera ya extenderme más allá de un pequeño fragmento que rescato de entre las palabras de Bayard y mis propias conclusiones.

Lo que nosotros consideramos libros leídos es un amontonamiento heteróclito de fragmentos de textos, remodelados por nuestra imaginación y sin conexión alguna con los libros de otros, por mucho que materialmente sean idénticos a los que han pasado por nuestras manos.

Después de tan extensa crítica, aún no sé si positiva o no, les diré como conclusión que no se fíen de “la crítica”, a fin de cuentas ellos ni siquiera han leído el libro. (¿Ahora quién es la que miente? ;))